Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta: guardianes de un Patrimonio Ancestral

La Sierra Nevada de Santa Marta no solo es reconocida por su majestuosidad geográfica, siendo la montaña costera más alta del mundo, sino también por ser un centro espiritual y cultural profundamente significativo.
Este santuario natural, ubicado en el norte de Colombia, es el hogar ancestral de varias comunidades indígenas que han vivido en armonía con la naturaleza durante siglos.
En este artículo, exploramos la rica herencia de los pueblos Kogui, Wiwa, Arhuacos y Kankuamos, destacando su importancia espiritual, cultural y ambiental.
La Sierra Nevada de Santa Marta
Esta zona montañosa no solo es notable por su biodiversidad sino también por su significado espiritual para los pueblos indígenas que la consideran el «Corazón del Mundo». Según las creencias locales, la Sierra es un lugar sagrado que mantiene el equilibrio del mundo, y los indígenas son sus guardianes designados.
Comunidades Indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta

Pueblo Kogui
Los Kogui son quizás uno de los grupos más reservados y espiritualmente conectados de la Sierra. Este pueblo mantiene una profunda relación con la naturaleza, practicando agricultura tradicional y viviendo de manera que preservan el ecosistema que los rodea.
Para la comunidad Kogui, la Sierra Nevada representa mucho más que simplemente un lugar de residencia; es un mapa espiritual donde se encuentran diversos sitios sagrados, conectados por lo que denominan «la línea negra». En estos espacios, llevan a cabo ceremonias, consultas y recolección de elementos necesarios para sus rituales.
Comunidad Wiwa
«Wiwa» fusiona dos términos ancestrales: «wi», que representa la danza y la vitalidad ferviente de la naturaleza, y «wa», que encarna tanto la sabiduría espiritual como la terrenal.

Su comunidad es pequeña y sus tradiciones y lengua se mantienen intactas a pesar de las crecientes presiones externas. Al igual que los Kogui, los Wiwa tienen un fuerte componente espiritual en su vida diaria y ven a la Sierra como un ser vivo.
Indígenas Arhuacos
Los Arhuacos son probablemente los más activos políticamente entre las comunidades indígenas de la Sierra. Han ganado reconocimiento por su vocación de liderazgo en la defensa de sus derechos territoriales y ambientales. Su cosmovisión enfatiza la interdependencia entre los seres humanos y la naturaleza.
A diferencia de los Kogui, la comunidad Arhuaco tiene como una de sus principales fuentes económicas la ganadería familiar. Además, complementan su dieta con la agricultura, centrándose especialmente en el cultivo de café como su producto principal.

En las zonas de clima frío, se cultivan productos como papa, arracacha, batata, ajo, col y cebolla, mientras que en las áreas más templadas se dedican al cultivo de fríjol, aguacate, maíz, ahuyama, caña de azúcar, plátano, guineo, coca, tabaco y yuca.
Comunidad indígena de Kankuamos
Los Kankuamos han enfrentado desafíos significativos en las últimas décadas debido al conflicto armado colombiano, lo que ha afectado su estructura social y cultural. Sin embargo, han comenzado un proceso de revitalización cultural, recuperando sus tradiciones y prácticas espirituales.
Aunque los Kankuamos mantienen su identidad distintiva, comparten cultura y tradiciones con otros pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta, como los Kággabba, Iku y Wiwa. En su cosmovisión, cada comunidad se percibe como «una pata de la mesa» que representa la Sierra, y todos ellos se consideran guardianes del equilibrio del mundo.
Historia y orígenes
Estas comunidades comparten orígenes ancestrales que se remontan a miles de años atrás, con linajes que posiblemente se extienden hasta los tiempos precolombinos. A través de generaciones, han desarrollado sistemas de conocimiento y prácticas que les permiten subsistir en un entorno a menudo inhóspito, demostrando una resiliencia extraordinaria.
Cosmovisión y espiritualidad
La cosmovisión de estos pueblos se centra en la idea de que todo en el universo está interconectado. La tierra, el agua, el aire y todos los seres vivos son considerados sagrados. Esta visión se refleja en su respeto por el medio ambiente y en su espiritualidad profunda, donde los «Mamos» (líderes espirituales) juegan un rol crucial en mantener el equilibrio natural del mundo mediante rituales y ofrendas.
Tradiciones y prácticas culturales
Las prácticas culturales de estos pueblos incluyen rituales, música, danzas y la elaboración de artesanías que no solo tienen un propósito utilitario sino también espiritual y social. Estas actividades son fundamentales para la cohesión comunitaria y la transmisión de conocimientos ancestrales.
Estos pueblos son ejemplos vivientes de sostenibilidad. Su existencia depende de y contribuye a la salud de su entorno. Practican técnicas agrícolas que enriquecen y preservan la fertilidad del suelo y gestionan sus recursos hídricos de manera que garantizan la sostenibilidad a largo plazo.
El turismo indígena ofrece una oportunidad para los visitantes de experimentar la riqueza cultural de estas comunidades, aprender de su sabiduría y entender la importancia de conservar el medio ambiente. Sin embargo, es vital que este turismo se maneje de manera responsable.
Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta son verdaderos custodios de la tierra y la cultura. Al visitar estas comunidades y aprender de ellas, no solo se enriquece personalmente, sino que también se contribuye a la preservación de un legado invaluable para las futuras generaciones.
Fuente: https://www.tumap.travel/blog/pueblos-indigenas-de-la-sierra-nevada-de-santa-marta-80
Estadísticas poblacionales de los grupos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta







Pueblo indígena Chimila (Ette Eneka)

Ubicación: Magdalena y Cesar
Población: 2700 Hab.
Idioma: Ette Taara
Organización: Cabildo Mayor Ette Ennaka del Resgardo Indígena Issa Oristuna
Nombres: Chimila- ett E‘neka «gente propia» «gente verdadera» – simiza, chimile y shimizya
Ubicación Geográfica
A la llegada de los españoles, el pueblo Chimila ocupaba grandes extensiones que iban desde Río Frío y las estribaciones noroccidentales de la Sierra Nevada de Santa Marta hasta las inmediaciones de Mompox y la Ciénaga de Zapatosa; desde la banda oriental del Río Magdalena hasta las hoyas de los ríos Ariguaní y Cesar. Hoy se localizan en torno a la población de San Angel, ubicada en las llanuras centrales de los departamentos del Magdalena y el Cesar. Son también conocidos en la literatura como simiza, chimile y shimizya
Población
El Censo DANE 2005 reportó 1.614 personas auto reconocidas como pertenecientes al pueblo Ette Ennaka, de las cuales el 52% son hombres (840 personas) y el 48% mujeres (774 personas). El pueblo Ette Ennaka se concentra en el departamento de Magdalena, en donde habita el 63,9% de la población sigue en La Guajira con el 20,0% (322 personas) y Cesar con el 2,9% (47 personas). Estos tres departamentos concentran el 86,7% poblacional de este pueblo. Los Ette Ennaka representan el 0,12% de la población indígena de Colombia
Lengua
La lengua nativa de este pueblo se denomina Ette Taara y pertenece al complejo lingüístico Chibcha. De acuerdo al auto diagnóstico realizado por este pueblo en articulación con el Ministerio de Cultura, su lengua se encuentra en riesgo de extinción pues solamente el 23,5% de la población la habla y entiende, de los cuales la mayoría son ancianos y líderes de la comunidad. Es importante resaltar que hay una diferencia significativa entre los datos del CENSO 2005 y el autodiagnóstico realizado por el pueblo en articulación con el Ministerio de Cultura con relación al estado de la lengua nativa.
Historia
Durante el siglo XVIII, los chimila protagonizaron rebeliones armadas constantes contra la expansión de la frontera de colonización sobre sus territorios. Las campañas de pacificación se intensificaron entonces con el apoyo de las misiones capuchinas, quienes a pesar de su esfuerzo por constituir pueblos de indios, no lograron vencer la resistencia de los indígenas a la nucleación de sus asentamientos y al cambio en su sistema religioso y cultural.
Sus tierras, denominadas desde la conquista “tierras de Chimilas“, recientemente se han visto afectadas por la extensión de las haciendas ganaderas, los auges extractivos del banano, la palma africana y el bálsamo de tolú, así como por el descubrimiento de yacimientos petroleros durante la primera mitad del siglo XX.
Organización Sociopolítica
En la actualidad los Chimila no conforman una un grupo que tenga una integración sociopolítica definida, una cultura, una lengua y un territorio característicos. Los distintos estudios demuestran que su antigua organización social es difícil de reconstruir, quizás porque nunca han sido un grupo definido. Los estudios de Reichel – Dolmatoff hablan de asentamientos dispersos, con muy poca interacción entre unos y otros, y muchas veces enfrentados entre ellos mismos.
En términos generales el hombre cabeza de familia organiza el trabajo y sigue un patrón de residencia matrilocal. Las uniones matrimoniales pueden ser mixtas entre indígenas y mestizos o campesinos. En algunos casos se presenta la poligamia.
Cultura
En la cosmología del pueblo Ette Ennaka el Cosmos está conformado por diferentes estratos, los cuales van disminuyendo a través de ciclos destructivos marcados por cataclismos. De esta forma, cada cierto tiempo se destruyen porciones de lo existente y se da inicio a nuevas eras de la historia. Para el pueblo Ette Ennaka, la guerra contra los españoles que los llevó al borde de la extinción, representa uno de estos periodos de destrucción, el cual estuvo marcado por la violencia, el desorden y la decadencia (Niño, 2007). Los sueños y el acto mismo de soñar tienen una importante función social y cultural para el pueblo Ette Ennaka. A partir de los conocimientos cosmológicos interpretan y analizan colectivamente los sueños; y a través del acto de recordar, narrar e interpretar sus ensoñaciones diariamente, transmiten sus saberes y reproducen su cultura. Para los Ette Ennaka, el soñar es percibir la realidad profundamente, de una manera privilegiada y fundamental.
Tradicionalmente han sido conocidos como Chimilas, sin embargo este término es peyorativo para el pueblo, por lo cual se denominan Ette Ennaka, que significa “gente verdadera” en su lengua. A los otros pueblos indígenas de América los denominan Ette ejkongrate (la otra gente), y a las personas con ascendencia no indígenas los conocen como waacha10 . En la actualidad los Chimila no conforman una un grupo que tenga una integración sociopolítica definida, una cultura, una lengua y un territorio característicos. Los distintos estudios demuestran que su antigua organización social es difícil de reconstruir, quizás porque nunca han sido un grupo definido. Los estudios de Reichel – Dolmatoff hablan de asentamientos dispersos, con muy poca interacción entre unos y otros, y muchas veces enfrentados entre ellos mismos. En términos generales el hombre cabeza de familia organiza el trabajo y sigue un patrón de residencia matrilocal. Las uniones matrimoniales pueden ser mixtas entre indígenas y mestizos o campesinos. En algunos casos se presenta la poligamia.
Economía
La producción económica de los Chimila está sustentada en la horticultura, la cacería y la pesca, complementadas con la cría de animales y aves domésticas. Sin embargo, su participación en la economía regional es tan estrecha, que hablar de una horticultura propia es difícil. Es común que los indígenas se conviertan en jornaleros de las grandes haciendas, realizando los trabajos más pesados de tumba y roza de los bosques, bien sea para actividades agroindustriales o ganaderas7 . El trabajo agrícola es compartido entre hombres y mujeres. Los primeros se encargan de efectuar las actividades de tumba, quema, siembra y limpieza, mientras las mujeres se encargan de la recolección. Es común que se establezcan mecanismos de asociación para adelantar los trabajos agrícolas. La actividad agrícola es complementada con la pesca, la caza y la elaboración de productos artesanales como mochilas y hamacas, pero la principal actividad productiva de los indígenas es el trabajo asalariado, hecho que permite la sobre explotación de la etnia. Son comunes los casos de indígenas que, al convertirse en jornaleros o peones de las haciendas, terminan endeudados con el propietario de la tierra o reciben una paga en especie.
Fuente: https://www.onic.org.co/pueblos/120-chimilas
https://www.todacolombia.com/etnias-de-colombia/grupos-indigenas/chimila.html
